martes 31 de agosto de 2010

La vieja justicia de los colombianos.

Los primeros libros de la República de Platón son un bello discurso acerca de la justicia, la división del trabajo y la conformación del orden social. El filósofo discute con otros semejantes, la interpretación de esta máxima enmienda social que en tiempos de la Grecia Clásica, ya significaban un verdadero modo de pensar sobre su efectividad y necesidad como bien común.

Se decía por ejemplo, que la justicia es: decir la verdad y pagar las deudas (Céfalo); que es dar a cada quien lo que le corresponde, haciendo el bien a los amigos y el mal a los enemigos (Polemarco), o que siempre se utilizará para la búsqueda de intereses estratégicos (Glaucón). En su Sentido más puro y natural, Platón difiere de esta noble interpretación aduciendo que la justicia: “es la forma en la que los seres humanos requieren cooperación, satisfaciendo necesidades y haciendo a su vez, un atributo a la sociedad”.

Plantea además, que la justicia tendrá como eje principal a su problema, la educación y de ella, el buen comportamiento del ciudadano que debe ser guiado de acuerdo a su moral.

Es esto lo que según el filósofo da origen a las sociedades y a su estructura, definida como un centro de interacciones humanas en el que se requiere de conflicto y cooperación para entenderlas. Conflicto definido aquí como la lucha de tensiones necesarias para el quehacer del hombre.

Entonces, desde estos tiempos, todo podría reducirse o definirse, a un concepto puro de lo que puede ser la justicia. La justicia divina a la que algunos claman, o la justicia de los hombres, de hombres y para hombres. Y en ese devenir, las situaciones se repiten a lo largo de la historia, las ideas se retoman y el modo social actúa de la misma manera que sus antecesores.

Colombia, es un breve experimento. Si bien no ha estado marcada la tendencia pensadora, típica de la antigüedad, la manera de vivir del nacional se reduce a la antigua ley del talión: “ojo por ojo, diente por diente”. Hemos pasado por verdaderos ríos de sangre, vivido venganzas injustificadas y aceptado la polarización partidaria que da origen a muchos de los males de nuestra sociedad.

Es así como desde mediados del siglo XX y aún en pleno XXI, Colombia se debate en aplicar justicia, favoreciendo intereses a particulares, haciéndole mal a los enemigos y no dándole a cada quien lo que le corresponde. Ha sido desde entonces, una estrecha cadena de sucesos con eslabones ricos en desigualdades y desunión que ahora el nuevo gobierno ha querido retomar bajo el lema de la Unidad Nacional. No es un discurso nuevo, ya se había empleado.

Solo resta aunar esfuerzos apoyados en la razón, el valor y la concupiscencia para interpretar la verdadera psiquis humana del colombiano de a pie que a pesar de la contemporaneidad, aún vive en el enterrado pasado.

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