Bien reza aquel adagio popular, “así paga el diablo a que bien le sirve” y se deduce después de escuchar la entrevista hecha por el periodista Darío Arismendi a la ex candidata, ex secuestrada y ex liberada Ingrid Betancourt. Con tono pausado, suave y cínico en su forma, Betancourt dio a entender que es el estado el que debe responder por los perjuicios que vivió durante su cautiverio. Es decir, indemnizarla con la simbólica, irrisoria y absurda suma de 6.5 millones de dólares.
Si bien es cierto que su secuestro se produjo en plena campaña electoral, la señora Betancourt parece sufrir de amnesia justo en el momento en que con pruebas, el mismo estado al que ella pretendía demandar, le muestra que la decisión de irse al Caguán fue de ella, pasando por encima de autoridades como generales y hasta del mismo presidente, Andrés Pastrana.
Esta noticia ha trascendido de tal manera que generó odios y resentimiento entre los colombianos. En facebook, por ejemplo, se crearon grupos de desprecio y rechazo contra esta medida. Ni que hablar de los miles de tweets de colombianos que como usted y yo, no entendíamos por qué una reparación de tal magnitud. La revista The economist dedicó un extenso artículo que a la sombra de sus periodistas, destruyeron, literalmente a la Betancourt. Ah, sin olvidar las puntillosas y posteriores entrevistas de Darío Arismendi en la cadena radial Caracol.
No entiendo el total significado del secuestro, esto porque nunca he padecido en carne propia este tipo de situación. Solo lo he visto por televisión y sin negarlo, también me conmoví al ver a Betancourt de nuevo a la libertad. Hoy dos años después queda el sinsabor de un total desagradecimiento de alguien que por su terquedad, está divorciada, presenta serias diferencias con Clara Rojas y es cuestionada por los colombianos.
Por lo demás cabe decir que es una buena o quizás excelentísima estrategia para lo que será su libro, que desde ahora parece indicar que se venderá como pan caliente. Aunque, así ella dé a entender los hechos desde su óptica. Sus compañeros, también con libro a bordo, dan esbozos de la Ingrid que muchos desconocemos.
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Yo opino:
1. El presidente electo Juan Manuel Santos habla de un gobierno de tercera vía. Éste es un concepto que se aplicó en Reino Unido en el periodo de Tony Blair y en Estados Unidos en la época de Clinton. Pues bien, esto dejó buenos resultados, una prosperidad económica y un equilibrio entre lo agreste del capitalismo y el ideal social. Si Colombia toma este camino habrá que esperar que los partidos se unan, se vayan los lagartos y se invierta en lo social. Mucho lobby Santos, mucho Lobby por los pasillos del congreso. La pregunta es: ¿Habrá prebendas?
2. Ha sonado mucho por estos días una posible postulación de Álvaro Uribe para la alcaldía de Bogotá. Me asombra que la población no deje descansar a quien por ocho años manejo este país como su finca. Si bien a Uribe hay que reconocerle su talante, empuje y persistencia en derrotar a las FARC, no hay que negar que pasó a la historia como el presidente que más se confrontó a las altas Cortes y cazó peleas verbales, inapropiadas para su cargo. Señor Uribe, disfrute de unas merecidas vacaciones.
3. Tuve la oportunidad de leer unas cuantas cartas del libertador a Manuelita Sáenz. En una de ellas Bolívar se quejaba porque a Manuelita no le gustaba su letra, tanto así que a la final optó por dictarlas. Este y otros documentos reposan en el Archivo General de la Nación como recuento de una memoria histórica que no debemos olvidar los colombianos. Recomiendo además, visitar el Museo Nacional y disfrutar de la exquisita recopilación pictográfica de la historia nacional. ¡Felicidades Colombia, ya tenemos 200 años!



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