El pasado domingo volví a una de mis viejas tradiciones, caminar. Lo hice en la ciclovia bogotana, que por cierto es una de las mejores, logrando atravesar la séptima avenida desde la calle 45 hasta la 116. El recorrido muy bueno, no llovió, poca gente, mucha cicla, aprendices del patín por allí y por allá y una tos asfixiante que me obligaba a hacer varias estaciones, algo así como un moderno viacrucis de enfermedad respiratoria.
Logre cruzar la calle 116 hasta tomar la carrera 15 y de ahí camino de vuelta a casa. En medio del ejercicio no sólo físico sino mental, me tope con unas carpas del Instituto Distrital para la Recreación y el Deporte. Allí una señorita muy querida me conminó a un examen corto de resistencia, niveles de índice de masa corporal, peso, talla y PH.
Antes de comenzar las pruebas, empecé a sudar, literalmente, la gota gorda. Frente a mí una señora, amable con voz dulce y cierta ternura, dio a inicio a un cuestionario de no más de 20 preguntas relacionadas a qué comía, si dormía bien o no, qué trabajo hacía, practicaba ejercicio o no, si tenía estrés o en su defecto si era sedentario. Todas las respondí con sinceridad; a la final era un desconocido más que aplica para esas cosas.
Acto seguido, lo fisíco. Ay Dios, qué karma!! Corra, trote, salte, estírese, eran imperativos que salían de esa pequeña boca de la tierna niña encargada de evaluar la condición corporal de sus aventurados usuarios. Como era de esperarse, nada bien.
Ya casi con ahogo (de nuevo) y un poco colorado, comenzó la otra cruda verdad. La talla, el peso y la masa. Saldo en rojo.
Volví a donde la dulce ancianita del principio, que esta vez ya no en tono amoroso sino de sorpresa, vio los resultados y sin disimularlo grito: PERO USTED, TAN JOVEN Y EN ESAS!!!
Por supuesto seguí colorado, pero del achante y con la preocupación que era hora de empezar a mejorar, de cuidar más mi salud, de no dejar para lo último lo más valioso para cualquier ser humano, pues de ella depende poder trabajar, vivir, amar, soñar, en fin, muchas cosas...
Hice un compromiso y desde ese domingo en adelante, di inicio a una serie de buena alimentación. Más verdura, frutas, poca grasa, menos harinas y una visita al doctor por aquello de la tos.
Quizás usted mi amigo lector esté en las mismas o tal vez empieza a descuidarse. Lo motivo a que no lo permita, recuerde que ante todo siempre está el amor propio y la obligación de tener una buena vida sólo hasta que Dios o las circunstancias lo permitan.
Logre cruzar la calle 116 hasta tomar la carrera 15 y de ahí camino de vuelta a casa. En medio del ejercicio no sólo físico sino mental, me tope con unas carpas del Instituto Distrital para la Recreación y el Deporte. Allí una señorita muy querida me conminó a un examen corto de resistencia, niveles de índice de masa corporal, peso, talla y PH.
Antes de comenzar las pruebas, empecé a sudar, literalmente, la gota gorda. Frente a mí una señora, amable con voz dulce y cierta ternura, dio a inicio a un cuestionario de no más de 20 preguntas relacionadas a qué comía, si dormía bien o no, qué trabajo hacía, practicaba ejercicio o no, si tenía estrés o en su defecto si era sedentario. Todas las respondí con sinceridad; a la final era un desconocido más que aplica para esas cosas.
Acto seguido, lo fisíco. Ay Dios, qué karma!! Corra, trote, salte, estírese, eran imperativos que salían de esa pequeña boca de la tierna niña encargada de evaluar la condición corporal de sus aventurados usuarios. Como era de esperarse, nada bien.
Ya casi con ahogo (de nuevo) y un poco colorado, comenzó la otra cruda verdad. La talla, el peso y la masa. Saldo en rojo.
Volví a donde la dulce ancianita del principio, que esta vez ya no en tono amoroso sino de sorpresa, vio los resultados y sin disimularlo grito: PERO USTED, TAN JOVEN Y EN ESAS!!!
Por supuesto seguí colorado, pero del achante y con la preocupación que era hora de empezar a mejorar, de cuidar más mi salud, de no dejar para lo último lo más valioso para cualquier ser humano, pues de ella depende poder trabajar, vivir, amar, soñar, en fin, muchas cosas...
Hice un compromiso y desde ese domingo en adelante, di inicio a una serie de buena alimentación. Más verdura, frutas, poca grasa, menos harinas y una visita al doctor por aquello de la tos.
Quizás usted mi amigo lector esté en las mismas o tal vez empieza a descuidarse. Lo motivo a que no lo permita, recuerde que ante todo siempre está el amor propio y la obligación de tener una buena vida sólo hasta que Dios o las circunstancias lo permitan.



1 Su comentario:
En la mayoria de los casos si no en todos los mas importante es la voluntad y evitar ser deportista dominguero, y lamentablemente la preocupacion empieza cuando nos enteramos de la verdad y de lo que ello implica... ojala hicieran esas jornadas en Cúcuta
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