Milk es una película que tiene como temática la primera candidatura de un gay a un cargo de elección popular. Se desarrolla en la década de los setenta y enmarca un contexto netamente norteamericano con desigualdades sociales, homofobia, trampas políticas, envidias e igualdad de derechos. Tiene una verdadera trama que lo lleva a uno desde principio hasta final a sumergirse en lo que implica el estado de opinión, el concepto de igualdad y la necesidad de avanzar como civilización ante los cambios que tiene la humanidad. Sin duda, una ganadora en los premios de la academia en el 2008 que hace poco tuve la oportunidad de ver.
Milk hoy es el reflejo de lo que podría llegar a suceder en Colombia. En días pasados leí en la revista Jet Set (aclaro, poco me gusta) un artículo que llamó mucho la atención, no solo la mía, sino de los que estaban conmigo en ese momento. El título decía algo como: “Soy gay. ¿Y qué?”. Hablaba casi de manera imperativa, del hoy controvertido candidato al senado de la República, Felipe Zuleta. Agregaba, que el columnista del diario El Espectador, periodista del programa El Radar y nieto del ex presidente Lleras, hoy es el primer candidato Gay declarado que quiere llegar al congreso. No es nada nuevo la verdad, dado el número de senadores y representantes que se inclinan por estas huestes desde la oscuridad de su clóset, cobijados eso si, en la honorabilidad que impide que el pueblo les diga abiertamente “maricas”.
La lectura de la entrevista fue agradable, hubo risas y un profundo desconocimiento de algunos apartes de la vida privada de este periodista que llama la atención por el estilo de sus entrevistas, la jocosidad de sus comentarios y lo inquisidor que puede llegar a ser al momento de denunciar casos de corrupción. Sin embargo, deja en el tintero lo que podríamos pensar los colombianos al tener que decidir sin tapujos a un candidato que no tiene nada que ocultar, que diría varias verdades y haría férrea oposición a quienes quieran continuar con el legado de Uribe.
No hay que negar que seguimos siendo un país mojigato. La doble moral y el concepto de todo en orden, llevan a los colombianos a pensar en la familia (hombre-mujer) como verdadera institución y todo lo ajeno a ésta como inmoral. Los tiempos cambian y por ende el comportamiento de los humanos tiende hoy día a la búsqueda de su felicidad, sin represiones y entes acusadores que indiquen que todos arderán en el infierno.
Quizás Zuleta lo haga por el beneficio de un sector de la población o porque estamos en campaña y todo es válido a la hora de ganar votos. Pero lo cierto es, que ha sido, hasta el momento el único en lanzarse al ruedo con la bandera de esta dispersa, colorida y extrovertida comunidad que exige igualdad, la oportunidad de adoptar y la no discriminación dada su condición. ¿Qué pasara entonces en las urnas? ¿Qué dirá el estado de opinión?




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