En Bogotá no es ajeno el concepto que se pueda tener del mal índice de aceptación que hay de su mandatario. Las más recientes encuestas publicadas en algunos medios de comunicación, señalan cómo el alcalde Mayor Samuel Moreno Rojas pasa por uno de sus peores momentos desde que llego al palacio del Lievano al inicio de su periodo.
La desaprobación es tal que más de la mitad de los bogotanos consultados por Invamer Gallup considera que la ciudad ha tenido un marcado retroceso en asuntos como la seguridad, la movilidad y asuntos sociales. A esto se suma, las constantes quejas de los ciudadanos por la lentitud de algunas dependencias a la hora de resolver mayores inconvenientes para los ciudadanos.
Por lo menos, el mismo trago amargo lo toman varios alcaldes del país. Lo es para el de Cali, Jorge Iván Ospina; para el de Medellín, Alonso Salazar y María Eugenia Riascos, de Cúcuta.
¿Qué sucede alrededor de estos burgomaestres que hoy los ubica como los más impopulares en Colombia? ¿Son tan complejos los problemas de estas grandes urbes que no facilitan una pronta solución?
Desconozco de fondo las raíces del problema social de Medellín y Calí, pero no debo hacer caso omiso a la situación que hoy aqueja a Cúcuta y Bogotá. En la primera, por ejemplo, es marcado el deterioro de su infraestructura, la ausencia de grandes proyectos, la falta de inversionistas y el atraso en su sistema de transporte; además de la complejidad de asuntos coyunturales como el desplazamiento, la pobreza, el desempleo y la crisis económica.
Muchos coterráneos residentes en la capital del país, destacan la carencia de liderazgo de su mandataria y auguran un pobre final para quien desde un principio parecía llenar las expectativas de la población más pobre de la capital nortesantandereana. Final que según ellos, estará marcado por la impopularidad y el atraso de Cúcuta en el contexto nacional. Es entonces cuando se debe interrogar hasta los tuétanos, quién debe ocupar el palacio municipal durante el próximo periodo y cuáles deben ser sus atributos y fortalezas para conquistar a la comunidad en las urnas. Esos si cumpliendo a cabalidad lo propuesto sin el efecto del show mediático que tanto parece gustar a muchos alcaldes.
Por otra parte es evidente que la capital del país está en completa construcción. Contrario a lo que sucede en Cúcuta, Bogotá tiene más de cien frentes de obra que avanzan día y noche proyectando a esta urbe como un verdadero punto de encuentro de colombianos y extranjeros. Sin embargo, esta ciudad no ha sido indiferente a la crisis económica mundial. Los coletazos se hacen notorios con el desempleo, las condiciones salariales de los bogotanos y las limitadas oportunidades que se divisan en el panorama.
Y lo es más, cuando existen marcadas diferencias entre el gobierno Nacional y Distrital. La disparidad de criterios ha conllevado a que más de una vez se requiera de mucho lobby para llegar a consensos por el bien general.
Lo cierto es que mientras los alcaldes no estén rodeados de sus colaboradores primarios, es decir los habitantes de sus ciudades, el escenario seguirá oscureciéndose, indicando un camino vedado a futuras soluciones y lo peor, el efecto se hará más notorio no sólo en encuestas sino en las elecciones.





